18 de janeiro de 2010

Cuando morir es una necesidad

Tomé el auto y salí sin pensar, ni me detuve a nada. Era el velorio de mi madre, no era un pretexto para faltar el empleo por dos días. No habia necesidad de la desconfianza de mi jefe. Eso me quedó perplejo, más que el próprio hecho de la muerte de mi madre. Pues, estaba a dos horas de la ciudad de lo entierro, pero el jefe, ese sí, estaba allí.

Pié na estrada y perturbación en la cabeza. No pude concentrarme en las sinalizaciones del tránsito. Para peorar, también no verifiqué el combustible, óleo, neumáticos, luces... Mal cabia en aquella carretera sentido al fin. Era el encerramiento de uno ciclo vital, la muerte de mi madre. Al contrário de la pelea con el jefe, que parecia infinita.


Como era de esperar, el clima nunca favorece los viajes de última hora. La lluvia torrencial colaboró con el clima de entierro. Velocidad, pista mojada y nervios a flor de la piel integraban una combinación peligrosa. Yo no tenía compania, ni mismo de mis próprios pensamientos que insistian en fugir para muchos logares al mismo tiempo. Tamaña confusion mental acabó por meterme en una emboscada. Un grupo de asaltantes habia parado un auto cargueiro. No tube salída. Caí en lleno en aquella emboscada. Directamente los asaltantes me hicieran rehém, yuntamente con el motorista peleado por tantos golpes.


El dolor de la emboscada era solamente una más. La muerte de mi madre parecia algo aún no ocurrido en la vida real. En la mente, la cara fea y desconfiada de mi jefe parecia ser el estopín para aquella situación si salída. Mi propria muerte era la alternativa que más abreviaba aquel terror. Pedi que me matasen...

Nenhum comentário:

Postar um comentário